La participación de la mujer en la revolución.

 

 

Ericka Zamora Pardo.

 

Dicen que la historia la escriben los vencedores y esto, en gran medida, es verdad, Eduardo Galeano afirma que: “La historia oficial de las Américas sólo hace un lugarcito a las fieles sombras de los próceres, a las madres abnegadas y a las viudas sufrientes: la bandera, el bordado y el luto. Rara vez se menciona a las mujeres europeas que protagonizaron la conquista de América o a las mujeres criollas que empuñaron la espada en las guerras de independencia, aunque los historiadores machistas bien podrían, al menos, aplaudirles las virtudes guerreras. Y mucho menos se habla de las indias y de las negras que encabezaron algunas de las muchas rebeliones de la era colonial.”

 

Es por esta razón, intento hacer un rescate histórico de la participación de algunas mujeres en las luchas por la transformación de las condiciones de pobreza, opresión e injusticias que ellas y los pueblos viven a diario. Aunque muchas de ellas no participaron en la revolución armada, sí hicieron una revolución social y cultural que contribuyó a la transformación de nuestro país. Todas ellas son mujeres que creyeron y lucharon en la utopía de la libertad, mujeres que encuentran el valor a pesar del miedo.

 

Empezaré por las mujeres que participaron activamente en la lucha por la independencia de México, mujeres que desafiaron no sólo el poder español sino el poder de una sociedad bajo el dominio eclesial, que confinaba a la mujer al hogar, a sus hijos y a la cocina.

 

Incluyo aquí a Sor Juana Inés dela Cruz: porque además de ser poeta y pensadora, su rebeldía la llevó a luchar por la libertad para las mujeres en la vida y en el desarrollo del pensamiento y el arte, luchó incansablemente contra las jerarquías políticas y eclesiales.

 

Doña Josefa Ortíz de Domínguez: madre de 10 hijos se sumo a la Conspiración contra la Corona española y se integra al grupo de insurgentes por la Independencia de México, ella redactó, escondió y repartió periódicos subversivos, escondió armas y gracias a su participación como informante se anticipó la insurrección al 16 de septiembre de 1810. Fue persegida y encerrada en varios conventos hasta 1817.

 

Gertrudis Bocanegra: mujer que dispuso de su fortuna a la lucha por la independencia, cumplió labores de espionaje para los insurgentes, además de acopiar armas y correo participó en los combates. Fue apresada y sometida a tortura durante los interrogatorios, pero jamás delató al movimiento independentista.

 

Leona Vicario: colaboró como correo para los insurgentes enviándoles cartas y armas, fue detenida y encarcelada en el Colegio de Belén y posteriormente liberada por los insurgentes, se integró a las filas del ejército de José María Morelos y Pavón.

 

Aunque no son las únicas mujeres que lucharon por la independencia, en ellas se rescata el rostro de miles de mujeres que desde el anonimato apoyaron, participaron y lucharon activamente con los insurgentes en la lucha por la Patria.

 

En el periodo de la revolución mexicana, las mujeres, miles de mujeres desempeñaron un papel importante, sin embargo, conocemos a muy pocas:

 

Dolores Jiménez y Muro: Militante del Partido Liberal Mexicano, donde fue estratega y organizadora. Redactó el Plan Político y Social de Tacubaya para desconocer a Porfirio Díaz, exigir la devolución de tierras a campesinos, jornada laboral de 8 horas, libertad de expresión, protección a los pueblos indígenas y abolición de los monopolios.

María de la O: Nació en Tecpan, Guerrero. Defensora de campesinos, participó en los combates de 1910 a 1917, fue fundadora de guarderías para los hijos de las vendedoras del mercado en su estado y militante comunista que luchó contra la prostitución y el alcoholismo.

María Talavera Brousse: Integrante del Partido Liberal Mexicano, fue un apoyo importante en la comunicación entre los círculos liberales y para su esposo encarcelado; Ricardo Flores Magón, vivió en la clandestinidad y el exilio.

María Arias Bernal: mejor conocida como “María Pistolas”, fue combatiente destacada durante la revolución.

Carmen Serdán: empuña las armas en 1910, enmedio de la balacera invita al pueblo desde su casa a levantarse contra la dictadura, fue herida y encarcelada, puesta en libertad al triunfo de la revolución.

Carmen Parra: Conocida como la Coronela “Alanís”, en 1911 se incorporó a las tropas de Francisco Villa, participó en la toma de Ciudad Juárez y de Ojinaga. En 1915 participó en la Convención de Aguascalientes, fue detenida en Perote, Veracruz con documentos envíados por Emiliano Zapata al General Gildardo Magaña.

Adela Velarde: mejor conocida como La Adelita, participa como revolucionaria y se hace popular por el apoyo que brinda a los heridos.

Y por supuesto, también están las Adelitas Anónimas, miles de mujeres campesinas pobres con una activa participación en el abastecimiento de comida y municiones a las fuerzas revolucionarias, muchas veces fueron la avanzada de los ejércitos revolucionarios y con un papel importante de inteligencia y de ubicación de las fuerzas enemigas.

A pesar de ser miles de mujeres que participaron en la lucha revolucionaria, ello no significó que fuera fácil romper con el orden establecido para ellas, pues para la clase política en el poder no pasaron de ser las mujeres de los revolucionarios.

El periodo postrevolucionario estuvo marcado por las luchas obreras y el decidido apoyo que brindaron a ellas muchas intelectuales del momento, escritoras y pintoras no estuvieron al margen de esta realidad impregnada por el auge de la Revolución Rusa y el Partido Comunista en México.

En las luchas obreras destacaron:

María Díaz, quien fue Secretaria General del primer sindicato rojo y se dedicó a formar sindicatos en Río Hondo y Rio Blanco, Veracruz.

Elvira Trueba, Fue la única mujer que siendo secretaria, participó en el comité de huelga del Sindicato de Trabajadores del Ferrocarril Mexicano en 1921, promovió la organización y la defensa de las ferrocarrileras.

Ana María Servin y Evangelina Muñoz, Relevantes trabajadoras electricistas que promovieron y organizaron la huelga del Sindicato Mexicano de electricistas en 1915 por mejores salarios, pensiones, indemnizaciones y democracia.

María Bustos y Josefína Sotomayor, Trabajadoras de la Telefónica Ericsson, quienes en 1914 fueron despedidas con mucho más mujeres, ellas organizaron la resistencia y estallaron una huelga que duró tres meses, y aunque Josefina fue consignada dos veces, lograron importantes triunfos para los y las telefonistas.

Benita Galeana, Militante comunista, organizadora de huelgas, marchas, distribuidora del periódico comunista El Machete, promotora de la formación crítica de las mujeres .

En el ámbito intelectual están:

Nahui Ollin, Pintora, integrante de la Unión Revolucionaria de Obreros, Técnicos, Pintores, Escultores y similars, colaboradora de El Machete.

Tina Modotti, Fotografa italiana, brigadista internacionalista de la guerra civil española, fundadora y colaboradora de El Machete y militante del Partido Comunista.

Antonieta Rivas Mercado, Novelista y autora de ensayos sobre las libertades de las mujeres, promotora de la educación post revolucionaria.

Frida Kalho, pintora y militante comunista, solidaria con las luchas obreras, durante la guerra civil española fundó comités de solidaridad con los repúblicanos.

Los años cincuenta y sesenta también están marcados por las luchas obreras. Las luchas de los ferrocarrileros y de los mineros en el norte. En este periodo de lucha destacan las trabajadoras y familiares de mineros que forman la Alianza Femenil Socialista en defensa de la Huelga de Nueva Rosita, Coahuila, ellas armadas de palos y piedras se enfrentan a los soldados y desalojan a los esquiroles que habían tomado la planta mientras se desarrollaba la Caravana del Hambre de los mineros en 1951.

Están también las viudas de los mineros de Barroterán, más de 100 mujeres viudas organizan en 1969, la defensa de sus derechos de indemnización y pensión por la explosión en la Mina de Barroterán, Coahuila.

El 68 es marcado por el Movimiento Estudiantil, la influencia por el triunfo de la revolución cubana, la figura del Che, recientemente asesinado por el ejército del imperio en Bolivia se convierte en el símbolo de la libertad y de la lucha por la liberación de los países de América Latina, los jóvenes universitarios y politécnicos se movilizan contra el autoritarismo y luchan por las libertades democráticas, por supuesto las mujeres no estuvieron al margen de estas luchas y demandas, ellas se revelan también contra el régimen y una sociedad que reprime el pleno ejercicio de su sexualidad, la escritora estadounidense Susan Sontag dice en el auditorio Che Guevara de Filosofía y Letras que: “lo privado es político”, es decir; las mujeres del 68 además de luchar por las libertades democráticas, también lo hacen por la liberación sexual de la mujer, Durante el movimiento del 68 la represión no se hizo esperar, las mujeres al igual que los hombres también fueron asesinadas en la plaza de Tlatelolco, presas, secuestradas, torturadas,destacan Tita Avendaño e Ignacia Rodríguez.

Ante la cerrazón del estado a la democratización, surgen en la década de los setenta los movimientos armados rurales y urbanos como el Partido de los Pobres con Lucio Cabañas (PDLP), La Asociación Cívica nacional Revolucionaria con Genaro Vázquez (ACNR), la Liga 23 de septiembre, El Frente Urbano Zapatista (FUZ), las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) predecesoras del EZLN, el Partido Revolucionario Obrero Clandestino Unión del Pueblo (PROCUP), el Movimiento Armado Revolucionario (MAR), entre otros .

La presencia de mujeres en los movimientos armados generó cientos de guerrilleras, campesinas, obreras, amas de casa y estudiantes que se vuelven militantes de organizaciones político-militares, que se propusieron la transformación del país, que se propusieron tomar el cielo por asalto. Las guerrilleras no sólo emprendieron una lucha contra el Estado sino una lucha contra el machismo al interior de sus organizaciones, en la familia y en ellas mismas. A decir de muchas de ellas, la discusión de las desigualdades de género nunca estuvo presente al interior de los movimientos armados porque se consideraba que era “hacerle el juego al imperialismo y a la burguesía”. Se hablaba de construir al Hombre nuevo, de la liberación del pueblo, pero no de la liberación de la mujer porque se creía que una vez que estuviera el socialismo, la desigualdad, los modelos y los roles sociales desaparecerían automáticamente.

 

Alicia

 

Sin embargo, el gobierno no estaba dispuesto a ceder en la represión y con el uso de ejército se desató el terrorismo de estado, pueblos enteros fueron arrasados bajo la metralla de los militares, las mujeres igual que los hombres fueron detenidas, secuestradas, torturadas, asesinadas, desaparecidas.

Ante el hostigamiento, amenaza y persecución a los y las sospechosas de ser rebeldes, son las mujeres quienes tienen que dar la cara, salir a la luz pública a exigir la libertad a sus presos y presas políticas, a reclamar la presentación con vida de los y las desaparecidas políticas, a exigir justicia para sus familiares asesinados. Fueron las madres, esposas, hijas y hermanas quienes emprendieron esta nueva faceta de lucha.

Para las mujeres guerrilleras detenidas, los interrogatorios, la tortura y la cárcel fue igual que los hombres, en eso no existió discriminación, en eso tuvieron los mismos derechos que los hombres, y sin embargo, para los represores no dejaron de ser las putas de la guerrilla, de esta manera, minimizaban, otra vez, el papel de las mujeres en la lucha por la transformación.

 Victoria

 

 

Pero a pesar de la represión y ante el fuerte cuestionamiento de la legitimidad del Estado y la democracia, los movimientos armados logran cierta apertura para los movimientos sociales, se habla de las libertades democráticas, de la lucha feminista, se reconocen los sindicatos independientes y se comienza a cuestionar la viabilidad del movimiento armado.

La discusión de la participación de la mujer en los movimientos armados vuelve aparecer en la memoria colectiva hasta la aparición pública del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), por primera vez se discute la importancia de los pueblos indígenas, su reconocimiento como sujetos de pleno derecho, los derechos colectivos, su derecho a la autonomía y al territorio, los derechos de las mujeres y la legitimidad de la lucha armada ante las condiciones de pobreza, marginación e injusticias.

Al interior del EZLN, también se da una fuerte discusión sobre la participación y los derechos de las mujeres, ellas, discutiendo y organizándose logran la promulgación de la Ley Revolucionaria de las Mujeres. Pero el machismo no está del todo ausente, dice el Subcomandante Marcos: “... Antes de la guerra había mucho recelo de los varones cuando una mujer tenía un mando. Eso de que “no la obezco porque es vieja, pus cómo”. Así los han educado. !Cómo es posible que te esté dando órdenes una mujer!. En tu pueblo la mujer no hace eso. El problema se acabó en los combates de Ocosingo, porque las que peleron mejor en Ocosingo fueron las mujeres oficiales, ellas sacaron a la gente herida del cerco. Algunas traen todavía pedazos de esquirlas dentro del cuerpo. Sacaron a la gente, la sacaron viva. Ahí se acabó el problema de si las mujeres pueden mandar o no pueden mandar dentro de la tropa regular.”

Las mujeres zapatistas no sólo son combatientes, también son precursoras en la lucha contra la militarización de sus pueblos y comunidades, no podemos olvidar la imagen que recorrió el mundo de mujeres civiles zapatistas que se enfrentan a militares para sacarlos de sus pueblos, ni las armas de los militares ni sus tanques pudieron ganarle la batalla a esas mujeres armadas de valor y dignidad. Las mujeres zapatistas también fueron precursoras en la lucha política por la reivindicación de sus derechos como pueblos indígenas y como mujeres, en octubre de 1996 la Comandanta Ramona rompe el cerco en que tenían al EZLN sale a la ciudad de México y dice: “Soy el primero de muchos pasos de los zapatistas al Distrito Federal y a todos los lugares de México”.

La Comandanta Esther, fue la oradora principal ante el Congreso de la Unión en la Marcha del Color de la Tierra y dijo en la Tribuna: “Mi nombre es Esther, pero eso no importa ahora. Soy zapatista, pero tampoco importa en este momento. Soy indígena y soy mujer, eso es lo único que importa ahora.” Es decir, las zapatistas se visualizan a sí mismas como mujeres y como indígenas, antes que como organización, y eso es importante porque les da identidad y les permite luchar por sus derechos como mujeres al interior de su organización y comunidad. Así como las mujeres del EZLN dieron una intensa lucha al interior de su organización, también la están dando las mujeres de todas las organizaciones armadas, esto, creo que marca una diferencia con las mujeres guerrilleras de los setentas.

También están las mujeres de Chihuahua que desde 1994 inician las marchas y protestas por las Muertas de Juárez, donde cientos de jóvenes, pobres, trabajadoras de la maquila han sido asesinadas por la misoginia y el machismo que prevalece.

Están las mujeres de San Agustín Loxicha, Oaxaca, que desde 1997 se organizaron contra la represión y la militarización en sus comunidades. Las mujeres esposas y madres de los asesinados en Aguas Blancas, Guerrero, que siguen luchando por justicia. Las mujeres de Las Abejas, en Chiapas que luchan contra la impunidad y la justicia luego de la masacre de Acteal.

Las compañeras que participaron activamente en la huelga de la UNAM, en la lucha por la gratuidad de la educación, convirtiéndose en un movimiento de resistencia contra el dogma neoliberal, pues tuvieron que enfrentar no sólo al gobierno, sino a toda la clase política. Donde la toma de ciudad universitaria por parte de la PFP, significó el fin de la huelga y la cárcel para quienes participaron en el movimiento, pero no constituyó la derrota para el movimiento estudiantil ni sus demandas, pues lograron que la Universidad hoy siga siendo gratuita. Está el ejemplo de las compañeras de la APPO en Oaxaca, que tomaron las calles, la radio y la televisión para darle voz al movimiento, ellas también formaron parte de las barricadas y permanecieron en el plantón como muestra de resistencia e insurgencia popular, generadoras de un poder que se construye en la lucha.

Las compañeras que luchan por la defensa de su territorio y contra los megaproyectos. Las compañeras normalistas rurales que siguen dando la lucha por acceso a la educación superior para los hijos de campesino, que siguen luchando por la educación pública y gratuita a pesar de la represión y la cárcel de que han sido objeto. Que acompañan día a día a las incansables madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa desaparecidos.

Cómo olvidar a las compañeras de la Organización del Pueblo Indígena Me'phaa (OPIM), a las compañeras mixtecas de Ayutla, que desde 1998, luego de la masacre de El Charco han exigido justicia y castigo a los responsables, siguen luchando contra la militarización y la paramilitarización, han denunciado las violaciones a los derechos humanos que constantemente comenten los militares, siguen luchando por el respeto a sus derechos como pueblos indígenas, el derecho al territorio y a la autonomía.

 

 

 

Mujeres de El Charco

 

 

 

Estas historias de mujeres, nos adentra en las distintas formas de lucha, en las diversas trincheras que cada una de ellas tomó por alcanzar la libertad del pueblo y muchas de ellas consciente o inconscientemente por la liberación de género. El ejemplo de cada una de ellas nos muestra que la lucha por la liberación de nuestro pueblo no está separada de la lucha contra la opresión hacia las mujeres. Estas historias son una denuncia de la injusticia social contra la mujer indígena, contra la mujer que lucha por la tierra, la mujer que busca a sus familiares desaparecidos, la mujer torturada y violada. Y al mismo tiempo son una muestra de solidaridad a las luchas sociales, culturales, a la resistencia, es la solidaridad en la lucha por la vida.

Son mujeres que como nosotras, día a día luchan por la justicia y la libertad, que levantan su voz contra la opresión hacia ellas y hacia sus pueblos, que vencen el miedo para mostrarnos su corazón lleno de esperanza y futuro.

*(Es importante no olvidar que este evento se hizo con motivo del 8 de marzo, día internacional de la mujer, y es ocasión para recordar que este día se conmemora en recuerdo y en homenaje a las obreras textiles que fueron salvajemente reprimidas en 1857 en Nueva York, por exigir la reducción de la jornada laboral que era de 16 horas.)

Por todas estas mujeres y muchas más que permanecen en el anonimato, hoy podemos estar aquí hablando de justicia, hoy podemos estar reunidos hablando de ellas, de nosotras, porque ellas nos abrieron el camino de la libertad, aunque nos falta mucho por hacer, diría Raquel Gutiérrez: “Adelante, pues, todas nosotras, en el juego, el baile, la fiesta y la revolución, que a fin de cuentas es todo lo anterior horneado con esfuerzo”.

 

Gracias. Marzo de 2018

 

Texto original e imagen brindado por la autora.

 

Ericka Zamora Pardo

Fue activista estudiantil en el Comité Estudiantil Metropolitano, sobreviviente de la masacre de El Charco,  ex presa política,  actualmente es defensora de derechos humanos en la Organización Red Solidaria Década Contra la Impunidad, A.C.

A impartido talleres sobre derechos de las mujeres en comunidades Na savi y Me’ phaa de la montaña de Guerrero, talleres de derechos de los pueblos indígenas en comunidades Na savi y Me’ phaa de la Costa Chica de Guerrero, acompaña la defensa integral de familiares de activistas sociales ejecutados extrajudicialmente.